sábado, 21 de julio de 2012

Estaban como ovejas sin pastor


Lectio Divina de Marcos 6,30-33

30 Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. 31 El, entonces, les dice: «Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco.» Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer.
32 Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario.
33 Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. 34 Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

CUANDO LEAS
           
Los Doce vuelven a reunirse con el Maestro y comparten con él toda la experiencia de la misión realizada. Necesitan contarle “todo”: lo que han hecho y lo que han enseñado.
Jesús escucha y percibe que sus discípulos necesitan reposar con él y recuperar fuerzas. Sabe que el ejercicio de la misión puede llegar a agotar y, con una llamada cargada de amor y de sana pedagogía, los invita a que vayan con él - «Venid» - “a un lugar solitario”.
Pero la gente rompe los mejores planes del Maestro. Adivina hacia dónde se dirige la comitiva de Jesús con los Doce y “fueron corriendo” adelantándose a ella. Es entonces cuando el Maestro “con corazón de Pastor” ve y mira la multitud, hambrienta y sedienta de su palabra y del pan del a vida, y siente compasión.
Recuerdo las palabras que el profeta Oseas pone en boca de Yahvé y que escuchamos hace pocos días en la liturgia eucarística: «se me revuelve el corazón, se me conmueven las entrañas» (Os 11, 8). Dios justifica estos sentimientos de compasión, de perdón diciendo: «… porque yo soy Dios, no un hombre» (v.9).
Jesús, que también es Dios y también hombre, con sentimientos semejantes de compasión, escucha lo que la gente incluso sin palabras le pide, le reclama. Y su reacción, su respuesta de Maestro y Pastor bueno, la encontramos resumida en pocas palabras de Marcos en el pasaje evangélico de hoy: «Y se puso a enseñarles con calma» (v. 34).

CUANDO MEDITES 

“La compasión, ese sentimiento profundo, visceral, de benevolencia y solicitud que caracteriza a Dios, mueve irresistiblemente a Jesús a darse totalmente a esas “ovejas sin pastor”. Su ejemplo es una enseñanza muy concreta para los que después han de continuar su misma misión”.
La Palabra hace de espejo e interpela. Llegará el tiempo del merecido descanso. Pero de momento hay que dedicarse juntos a los trabajos de la misión, “no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere” (1Pe 5,2).

Jesús ha llamado a los Doce “para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios” (Mc 3, 13-14).
Estar con Jesús y servir a la gente, predicando y liberando, parece que son las disposiciones que el Maestro requiere de los que él llama, de los que prepara para “enviarlos” como el Padre le ha enviado a él (cf Jn 20, 21). Quizás sea retórica la pregunta sobre cuál de ellas tiene que tener la prioridad. Leo en una presentación digital del Evangelio de hoy: “trabajo y descanso son ritmos complementarios”. Y también: “la interiorización no te deja alejarte de los demás”.
El ejemplo de Cristo Jesús y su Espíritu serán en cada momento la respuesta más clara y serena a este interrogante.

CUANDO ORES

Con corazón de discípula, acojo la palabra que la Iglesia nos regala en la liturgia de este domingo XVI del Tiempo Ordinario. Dejo que el Espíritu, como buen pedagogo y “maestro interior” la pronuncie, la siembre en el corazón para que produzca frutos de vida, de servicio, de apertura a Dios y a los hermanos.
El tiempo de vacaciones puede facilitar en algunos momentos ese “estar con Jesús”, casi “en lugar solitario”, pero también ciertamente, “en cristiano” será ocasión de mantener las antenas del corazón y de los ojos abiertos a las necesidades de la familia, de los amigos, de la gente…
El discípulo-apóstol lo será en todo tiempo y lugar.
Dando gracias al Padre por todos los llamados a toda vocación al servicio del Reino, reavivamos la plegara al dueño de la mies pidiendo que envíe obreros a su viña.
Plegaria que se hace compromiso para reproducir en nosotros las actitudes del Maestro, que el evangelio de este domingo ha subrayado con particular eficacia.

- Puedes orar despacio, saboreando las imágenes del pastor y el huésped, el salmo 23:

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar,
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.
Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.

Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
Me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.

 
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Hna. Concepción González, pddm

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